Siglo 21: una sociedad que carece de sentido en la búsqueda de Dios

INTRODUCCIÓN

En el mundo actual, el saberse en relación con otro (revelando la trascendencia que esto implica), es una capacidad humana que ha ido en desmedro. Esto porque el hombre actual desconfía de la capacidad de la razón y la profundidad que ésta  tiene en su vida, lo que podríamos comprender como un evidente divorcio entre la razón y la sabiduría. Como nos explica María Lacalle Noriega en su libro En busca de la unidad del saber; “el ser humano ignora la capacidad de la razón como camino para conocer la Verdad y el comprender la figura de Dios”. La razón ampliada entra en relación con la constante necesidad del hombre de apreciar y de necesitar señales tanto visibles como perceptibles por los sentidos para la confirmación de su existencia y permanencia entre nosotros. 
Esto es lo que me ha llamado la atención, en relación con el film, El Séptimo sello, de Igmar Bergman, cuando se pregunta: “¿Por qué la imposibilidad de sentir a Dios?”, porque de algún modo, refleja el sentir del ser humano contemporáneo. 
Esta interrogante es coherente con la necesidad del hombre de privilegiar símbolos concretos y tangibles.  No obstante, es necesario, comprender que la razón no se limita a una sola metodología de acercamiento a la realidad, ella es por naturaleza polivalente y plástica, rica en  métodos que nos permiten dialogar con la realidad. El problema radica en que la razón se ha visto reducida al privilegiar métodos únicos y, a los sentidos comprenderlos solo como aquellos que  nos permiten conocer los elementos de la realidad simplemente como meros objetos perceptibles. 
Para poder argumentar esta temática, nos enfocaremos, en primer lugar,  en la propuesta del filósofo, Paul Feyerabend y su visión del “anarquismo epistemológico” que busca criticar los métodos rígidos y excluyentes, y al mismo tiempo propone reconciliar una educación científica con la humanista. (Pág. 4, Tratado contra el método) En el segundo hilo argumentativo, me enfocaré en la visión de Guardini, quien propone una mirada integral entre la razón y los sentidos, puesto que estos últimos, no solo develan una función biológica – mecanicista, sino que también nos acercan a un profundo encuentro con la realidad. (Pág. 30-31, Los sentidos y el conocimiento religioso). 
Todos estos elementos serán reforzados a lo largo del desarrollo del siguiente ensayo, donde, por medio de la convergencia de lo adquirido en clases y lo aprendido en el desarrollo de talleres grupales, será posible responder a este tema central, a saber, la importancia de mirar la realidad desde una mirada integral. Lo dicho anteriormente, lo iremos matizando con la lectura que hemos hecho del Evangelio de San Marcos. 

 

DESARROLLO 

La Verdad, puede ser concebida como la adecuación del  intelecto con la realidad. Pero lamentablemente esto se ha visto disminuido drásticamente de su horizonte, producto del énfasis que se le ha dado en nuestra etapa formativa a un empirismo científico que al momento de evaluar, prioriza el aprender, pero  no el comprender.  Al igual que lo señalado en el libro Tratado contra el Método de Feyerabend, la educación actual, radica un solo método de acercamiento a la realidad y con ello, ha demostrado, a la larga, la incapacidad de la ciencia de dominar todos los aspectos, frente a esto ha desechado lo humanista, lo que termina por estancar un integral desarrollo del ser humano. Feyerabend resalta muy bien esta idea: “No existe un único método que se deba seguir para alcanzar el tan anhelado conocimiento científico libre, dado que esto,  no propicia un libre desarrollo del pensamiento y de la razonabilidad sino que por el contrario lo rigoriza y estanca”. Dicha razón humana reducida, termina por disminuir su dimensión, despojándose de su naturaleza rica y plástica. 
No obstante, es por medio del  ejercicio de la razonabilidad, donde se puede tomar conciencia de la realidad: una que va mucho más allá de conocer la naturaleza empírica de un objeto. Un sano y buen ejercicio de la razón,  profundiza en todos los elementos que conlleva la dinámica del objeto.  Para ello se requiere una apertura a la realidad, es decir, una posibilidad de conocer o identificar lo medular de cada elemento, y con ello (y complementado por un correcto ejercicio a nivel sensorial), es posible comprender las distintas manifestaciones de la vida, dado que le otorgamos un sentido previo que nos permita sensibilizarnos con el objeto que se esté analizando, para llegar a conocerlo bien.
 Por ejemplo, si nos preguntamos sobre Dios, tengo que poner a disposición todos los elementos que me acerquen a Dios como objeto de conocimiento, y no cerrarme a ninguno, sino mantener la apertura total de mi propia existencia tanto a nivel razonable como sensitivo. 
Tal como ha quedado manifiesto en la obra estudiada de Guardini, Los sentidos y el conocimiento religioso. Esto nos da la base, desde donde puedo seguir indagando respecto a la posición de Antonius Block, el personaje de la película señalada con anterioridad, el cual es un fiel reflejo de cualquier persona que se vea enfrentada a la muerte, necesita tiempo para repensar el sentido de su vida; necia y vaga. El protagonista, arrepentido de perder su preciado tiempo, se plantea interrogantes elementales para la asignatura: “Si Dios existe, ¿Por qué no se manifiesta? ¿por qué la imposibilidad de captarlo por medio de los sentidos?”. Su única intención radicaba en entender-comprender por medio de toda su existencia, la que incluye sus sentidos. Entonces, la cuestión no es creer o no creer, sino comprender-entender, y ahí radica la riqueza de lo aprendido en la asignatura. 
Muchas personas piensan esto aun cuando las circunstancias que los envuelven no tengan una relación con el fin de su vida como el protagonista de la película que venimos comentando.  A esta pregunta, a mi juicio, es la que quiso responder Guardini en su obra; donde se plantea la situación, en que ya lo hemos visto todo: ver en un sentido funcional-biologicista. Sin embargo, nuestra razón reclama algo más todavía, en ese simple ver, reclama un ver mucho más profundo que nos revela algo que al ver nos hace ver de manera radical, como una invitación, señala Guardini:  “que revela todavía algo distinto, último y peculiar (…) misterioso y hondamente familiar que confiere una distinción de una suprema densidad ontológica, donde cada una de ellas se puede percibir y dice más de lo que es, apuntando hacia algo que ella misma no es, pero co-pertenece como origen, sentido último de la realidad religiosa [Pág. 35, Los sentidos y el conocimiento religioso] Esta es una de las cuestiones más esenciales de nuestro estudio: los sentidos, son esenciales para el conocimiento de la realidad, y sobre todo, para el conocimiento de Dios, o el conocimiento religioso. Pues si Dios existe, solo es posible conocerlo en la realidad y con los sentidos humanos, que son a su vez razonables. 
Piensa Guardini que si realidad es un elemento que nos evidencia que todas las cosas fueron creadas por Dios, al entender esta premisa, comprendemos que hay una estrecha relación con la potencialidad que debemos entregarle a nuestro ojo: aquel es el encargado de captar todas las manifestaciones de amor de Dios.  El ojo, no es sólo un órgano para ver sino también para observar-comprender lo medular de la naturaleza. 
A la realidad nos acercamos por distintos métodos. Distintos métodos, nos permiten ver-observar la casa común en la que habitamos. Cuando vemos la creación, –y la vemos con un ojo que piensa–, podemos ver la mano de Dios puesta en toda ella. Ver con el ojo de la razón es constatar la presencia de Dios que nos llama a su encuentro. Dice Guardini: ver tiene un fin, y ese fin es la comprensión, vemos, escuchamos, sentimos para comprender y, por lo tanto, transciende a un sentido específico.
El campo propio de estas cuestiones, es el campo de lo teológico-filosófico: aquel que nos inspira a indagar respecto en estos temas, dando prioridad la existencia de diversos métodos que nos aproximen a la realidad dando paso a la posibilidad de responder a las grandes preguntas que le aquejan al hombre. 
Sin embargo, si miramos la realidad con un único método, tal como piensa Feyerabend, nos perdemos de la riqueza que la realidad nos brinda, y al mismo tiempo termina por ignorar la integralidad de la realidad humana, como por ejemplo los sentidos. El método científico, es incapaz de explicar la realidad en toda su riqueza, el hecho que se piense que su método asegura un razonamiento válido, asegurado por su procedimiento de demostración, no significa más que eso mismo: es sólo un método. Eso es lo que hay que comprender. El método científico sirve para un tipos de verdades que son necesarias conocerlas, pero no apunta y no puede responder, –precisamente por su método–, a las cuestiones fundamentales de la existencia. 
La razón debe permanecer abierta y no reducirse a un único método. El método demostrativo, lógico, es necesario pero no es el único: “hay ciertos temas que no cumplen con esta premisa, dado que  las preguntas fundamentales no son demostrables en un sentido empírico y lógico, a veces son o paradójicos o analógicos ”. (Cf. Apuntes de clase).
Al existir motivos y razones adecuados que afianzan este método de certeza moral por medio de la comprensión del trasfondo de la creación misma, la cual va  ligada a un sentido que en el caso de quienes no puedan distinguir dicho manifiesto, será por la ceguera de la niebla de no reconocer su sagrada existencia, dado que, por el simple hecho de observar un elemento creado, es indudable no atribuirle su trabajo al creador. 
He ahí lo expresado por Jesús: “Por más que miran, no ven y por más que oyen no entienden”( Mc 4, 10-13), demostrando que aún en tiempos en que Dios ha tenido tiempo para los hombres: según se nos explica en el artículo de Olegario Gonzáles de Cardedal, Tiempo del hombre y la historia de Cristo, los hombres fueron necios a sus prodigios. Siendo Cristo la representación más tangible que Dios nos dio, los mismos apóstoles, muchas veces fueron incapaces de comprender no solo sus enseñanzas sino a él mismo. Por eso, a ellos va dirigida esta advertencia, por su falta de apertura y desarrollo de sus sentidos frente a una realidad innovadora que no puede penetrar en su interior, si no están dispuestos a abrir los horizontes de su razón.
Como leímos en el Ev. de Marcos, muchas veces Jesús estuvo atento en esta materia, comprendiendo y explicando a la perfección temáticas asociadas y la ejemplificó, por medio de la parábola del sembrador, el cómo comprender el mensaje y, recepcionarlo con la razón, que viene acompañado de la apertura del corazón y de una realidad personal dispuesta a cambiar para acoger dicho aprendizaje.
 Nos encontramos con una semilla que ha caído en suelo fértil, que creció y se desarrolló dando fruto. Sin embargo, no todos forman parte de este selecto grupo, dado que existe el caso de que dicho mensaje sea “robado por Satanás”: quien puede representar los factores del entorno personal, los cuales no permiten que exista una recepción del mensaje, quedándose una persona sin su valioso aprendizaje por la niebla de no reconocer la existencia de Dios, en el caso que la semilla haya sido plantada en la orilla del camino. Distinto es el caso en que se reciba el mensaje con alegría, pero por ausencia de raíz, que es la carencia de una apertura de razón o la capacidad de distinguir la existencia y la manifestación por la falta de constancia en la práctica de la habilidad, por ejemplo, terminan por fallar en su misión dado que no es posible que crezca el fruto porque les falta lo más importante para la acogida y la correcta compresión del mensaje. Otra situación puede reflejarse en el caso en que la semilla caiga entre cardos, indica que el mensaje fue escuchado, pero las preocupaciones del mundo son los responsables de no poder acogerlo, invadiéndolos y ahogando un mensaje sin fruto (Mc. 4, 3-9). 
Dicho mensaje, –como se trata de una parábola– puede ser la capacidad de sentir y ser capaces de admirar y reconocer las manifestaciones de Dios en un mundo que corre en su búsqueda. Muchas veces las personas pueden verse inmersas en distintas circunstancias, “estados de ánimo y sentimientos, donde esta clase de interferencia de la razón, menoscaban el surgimiento de un conocimiento verdadero” (Cf. Apuntes de clase). Sin embargo, es a partir de la profundidad sensorial-intelectual que implica una correcta percepción y apertura de la razón la que nos puede devolver hacia un real apego a la Verdad. Los reduccionismos de la razón, junto a los prejuicios y las opiniones personales, en los tiempos que corren, son las barreras que dificultan el comprender la manifestación de Dios en su creación y en la vida misma. 

 

CONCLUSIÓN

Una vez finalizado este ensayo, cuya tesis central se basó en la notable interrogante de la película El séptimo sello, podemos apreciar que pude desenvolver los ejes que sostienen la imposibilidad de profundizar –por medio de la estrechez de una razón que solía ser polivalente–, apreciar la realidad manifiesta de la creación. Lejos de eso, la estrechez de la razón moderna ha resultado en obstaculización y la dificultad para comprender al creador, el Dios que puede ser reconocido en nuestra condición de criaturas por medio de la profundización de nuestros sentidos y nuestra razón. 
Por esto, es necesario ir más allá de la función orgánica de los sentidos, para poder descifrar en la naturaleza-realidad la presencia Dios. Es fundamental una apertura de la razón que nos permita distinguir la realidad sin matices ni filtros, donde la percepción sensitiva será la encargada de trascender en la esencia de los elementos o imágenes simbólicas que forman parte de dicha creación dinámica, para que sea posible la comprensión de su sentido mismo. 
Ante este dilema, es necesario cambiar el método tradicional, el que se ha enfocado en un empirismo científico, que ha normalizado la pérdida de la razón y el alejamiento a una realidad incompleta, y que finalmente, carece de integridad, por excluir modelos filosóficos y teológicos que sí han dado respuesta a las grandes preguntas que han invadido al ser humano en su evolución. Estoy convencida, que hoy hay una necesidad de desarrollar intelectualmente, por medio de las humanidades, una nueva dimensión humana que nos permita desarrollar integralmente métodos, para así, llegar a ver la belleza de la manifestación de Dios, entendiendo y comprendiendo su real esencia eterna y creadora.

 1.  Casa común como la casa de todos los seres humanos y no humanos, como el símil de la naturaleza creada por Dios (según encíclica de Papa Francisco “Laudato si”.
Claudia Umaña
Tecnología Médica
UCSC.

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