El pecado como construcción caricaturesca en la sociedad actual

El pecado, mediante el transcurso de los siglos, ha sido un elemento fundamental para discernir lo que es justo de lo que no es, pues es una acción natural y constante del hombre desde que habitó en la tierra, por tanto, es un hecho global el conocimiento sobre su causa y efecto. No obstante, su utilización léxica se ha despersonalizado en la sociedad actual, pues se le asocia más como a una caricatura antes que un acto que define el presente y el futuro de la persona.

 

Para poder explicar el papel fundamental del pecado en el día de hoy, es necesario exponer su funcionamiento y antecedentes en tiempos anteriores. En el Antiguo Testamento se comenta constantemente que el hombre tiene una tendencia a pecar, porque habita en la tierra, es parte de ella. A pesar de que esté la posibilidad siempre de hacer el bien, el humano siempre recurre hacia esa opción, y el motivo apunta a que pareciera que el mal es una inclinación constante en el interior de uno, aunque “la pecaminosidad de que se habla no consiste tan sólo en la comisión de actos moralmente ilícitos; es más bien una suerte de predisposición psicológica”[1].

 

La consecuencia dictatorial del pecado era un pretexto manipulado por un hombre con autoridad en el cristianismo, o por la misma comunidad (la Iglesia tenía gran influencia en la población occidental), para castigar duramente, en varias ocasiones, a quien lo comete. Un ejemplo claro es cuando en la Edad Media, la Santa Inquisición castigaba con técnicas extremas y dolorosas a los llamados herejes, seres humanos que iban en contra del dogma cristiano, hasta llevarlos en reiteradas ocasiones a la muerte.

 

Lo anterior recae en el error del hombre al creerse dueño de poseer y conocer absolutamente la verdad, e intenta seguirla desde un enfoque violento y juzgador, pues posiciona el mal a otro, y él se autodenomina libre de esto, o sea, se define como un dios que controla la verdad y el bien. Esto es totalmente anticristiano, pues quien debe convencer al mundo del pecado o la culpa es el Espíritu Santo, en una experiencia individual con él, no debe ser ejercida por la persona humana, ya que la verdad absoluta no recae en su ser. También, la Iglesia se ha visto implicada en varios acontecimientos de encubrimiento y corrupción, que ha llevado al cristianismo, en general, a una crisis religiosa, reflejado en el disgusto de la gente.

 

Se puede afirmar, entonces, que existe una especie de resentimiento en la sociedad ante la comunidad que aún sigue el camino del cristianismo, o a la existencia de Dios como tal, y es por eso que la importancia del pecado se ha reemplazado por conceptos más alejados de la concepción cristiana y más cercanos a la realidad del mundo. “El cine y el teatro utilizan la palabra [pecado] irónicamente o como forma de entretenimiento. La Sociología y la
Psicología intentan desenmascararlo como ilusión o complejo”[2]. Ante el cambio rotundo del significado de la palabra, los reflejos de tal construcción hecha por la sociedad se pueden ver, por lo tanto, a través del arte (películas, canciones), el uso cotidiano, distintas disciplinas, o hasta en el mismo funcionamiento del quehacer cristiano.

 

Esto perjudica, obviamente, al significado originario del pecado, porque, como ejemplo, lo “desviado” o lo salido del marco del bien puede ser legalmente normal algún día, y así en viceversa; entonces, la moral del hombre, ante la noción de lo bueno y lo malo, se convierte en un ejercicio variable, indefinido, algo que va en contra de la naturaleza empleada por Dios. En consecuencia, el hombre de hoy no conocería medidas, ni tendría intenciones de conocerlas, porque su libertad se ve perjudicada.

 

La implementación cotidiana que se le da al contenido del concepto actúa muchas veces como una caricatura, un uso para emplear bromas o romanticismos, hechos totalmente contrarios al real significado. Es usual escuchar personas diciendo que son pecadores por mera diversión, bajando el nivel de su causa y efecto, como, por ejemplo “en la discoteca voy a pecar”. Se ha creado una función distinta al sentido religioso, en donde debería entrar el contacto y la relación con Dios.

 

La respuesta de la utilización del pecado en la actualidad puede como lógica y razonable. Como dice Giussani en la segunda premisa: “la razón es apertura a la realidad, capacidad de aceptarla y de afirmarla en la totalidad de sus factores”[3]. Puede llegar a ser razonable que las personas no tomen conciencia sobre la utilización de algunas palabras, porque de alguna manera les ha afectado las acciones cometidas por la filosofía y prácticas de una religión específica, pero hay un elemento que han pasado a llevar rotundamente, que es el respeto. La caricatura del pecado redefine negativamente su valor apreciativo en los corazones de las personas.

 

Para finalizar, por un lado, es bueno preguntarse ¿por qué tanta gente sigue teniendo tal creencia? ¿será simplemente por costumbre o hay otros factores que influyen en los sujetos para seguir un camino espiritual? Uno como persona que no está en tanta comunicación con la religión católica o con el cristianismo piensa que ellos están alejados totalmente de la ciencia, de la “razón”, la lógica y lo demostrable, pero he aprendido que no es así, por algo que es que hay un gran público que sigue a Cristo y muchos estudios acerca de él. Por otro lado, es entendible que los significados muten, es un fenómeno natural que las palabras se transformen a medida que cambian los contextos y la sociedad en general, pero no es natural que se haga hasta el otro extremo de su significación, por tanto, el uso caricaturesco de la palabra no es una apropiación científica de la lengua, sino un uso inadecuado

[1] Ruiz, J. (1991). El Don de Dios, Antropología Teológica Especial, p. 51. Sal Terrae, Santander

[2] Ratzinger, J. (2005). Creación y pecado (2.ª ed.), p. 23. Eunsa. (Original publicado en 1992).

[3] Giussani, L. (1988). El sentido religioso: curso básico de cristianismo (volumen 1), p. 34. Encuentro.

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